Jamás podremos presumir delante de nadie sobre alguna estatura espiritual, que nos diferencie de los demás o de poseer algún don especial, o de nuestra cercanía
, intimidad o de nuestro amor por Dios porque a menudo le fallamos y volvemos a ser como trapo de inmundicia delante de Él.
Pero si podemos presumir del amor y de la misericordia que Él tiene por nosotros, porque Él nunca falla.
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