viernes, 31 de mayo de 2013

La Ira de la Naturaleza

LA IRA DE LA NATURALEZA

El día 3 de octubre, del año 1974, a las 9:21 de la mañana, Lima soporto un sismo de 7,2 grados, su epicentro fue al Oeste de la Región Central, en la costa sur del departamento. Afectando Lima, Mala, Cañete, Chincha y Pisco. La duración de este terremoto fue de casi 2 minutos. Hubo 252 muertos; 3,600 heridos; 300,000 damnificados. En Lima sufrieron daños edificios públicos, iglesias y monumentos históricos. El Tsunami que causo este sismo, inundó varias fábricas en El Callao.

Después de esto, toda la población se mantuvo sobresaltada por varios días, debido a las réplicas, que siguieron sacudiendo la ciudad, las que se prolongaron, durante tres meses. La réplica más importante, ocurrió el día 9 de noviembre, de ese mismo año.

Recuerdo que ese día 03 de Octubre, día del siniestro, no hubo clases, porque fue el sexto aniversario, del gobierno de la “Revolución Peruana”, encabezada por el general Juan Velasco Alvarado, que había tomado el poder desde el año 1968.

Por la voluntad de Dios, estamos sirviéndole en un lugar, a 645 km al norte de Lima, en un balneario, llamado Pacasmayo. Es un bello lugar, el mar está a pocas cuadras de donde residimos y como en todo lugar, y personas que he conocido, y que viven cerca al mar, estás, tienen temor a un terremoto y posteriormente a un tsunami.

Recuerdo los relatos, que nos hacían las tías y abuelas, sobre el terremoto que había habido en Lima, en año 1940, cuando el terremoto destruyo todo y después el mar se salió y arrasó con todo, hacia su paso a la costa, cobrando muchas vidas humanas y perdidas incalculables. Incluso y para ser más creíble, imitaban con sus bocas, el sonido poderoso de las grandes olas del mar arrasándolo todo.

Ya se imaginaran ustedes la escena, un grupo de niños, con los ojos muy abiertos, y asustados, escuchando todos estos relatos y causando una gran impresión y temor hacia estos fenómenos de la naturaleza, que no está mal, porque debemos ser precavidos, protegernos y actuar con serenidad, en esos momentos, para evitar accidentes mayores, no producidos por la naturaleza sino por la imprudencia del hombre.

Estas historias, han sido exageradamente contadas, de generación en generación y cada generación, la hizo más trágica (para ser más creíble), generando también, cada vez más temor en las personas y generaciones.

La gran verdad es que estos fenómenos, fueron reales, si se dieron, y también es cierto, que si se pueden volver a dar, en cualquier momento y causar gran daño.

Dios es soberano sobre todas las cosas, en sus manos están nuestras vidas y el universo entero, Él tiene control sobre la naturaleza. Todo esto está bien, pero también tiene muchísimo amor para con nosotros, y su amor es incomparable, tanto que envió a su hijo unigénito a morir por nosotros.

Entonces, no debemos de tener temor a los desastres naturales o a la muerte, porque si vivimos o morimos, somos del Señor y no debemos de tener ningún temor. Sal 46:1-3Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza.

A veces los temores y problemas de la vida, te confrontan con tu fe y te enfrentas a todo con el valor que te da el Espíritu Santo y te sientes desafiado a seguir tras el Señor porque, Él, es nuestra única esperanza y estamos seguros en su amor, sanidad, protección y provisión.  
Faltaran las provisiones, aun tus bienes serán quitados, pero tu confía en el Señor y gózate en Él, porque en Dios esta nuestra salvación. Hab 3:17-18Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Fuera todo temor, tú debes alabar y bendecir, al Dios nuestro, en toda ocasión así veas que el mundo se te viene encima, así tus ojos naturales te hagan ver con horror que lo que temías te llega y piensas que ya no hay solución, que ya no hay nada que hacer, en ese momento es cuando tu fe debe poner en tus labios alabanzas al Dios que te ama y que es todopoderoso y que quiere bendecirte. Sal 9:1-2Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo.

Dios te bendiga y te guarde

Willy + Nella Colacci

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