jueves, 20 de junio de 2013

DOMINIO PROPIO O DEMONIO PROPIO


DOMINIO PROPIO O DEMONIO PROPIO

Stg. 1:19-20Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
La violencia está alcanzando en los últimos tiempos sus niveles más altos, la intolerancia del ser humano sobre las acciones pasivas o activas de otras personas enciende la reacción violenta.

No es posible entender cómo puede generar violencia las más absurdas diferencias, como las razas, los pensamientos, las religiones, la economía etc.

Cada vez que se habla del “Domino Propio”, me da risa, y no es sea un tonto tema, es todo lo contrario, el dominio propio es poseer la disciplina necesaria para resistirse a los impulsos naturales de la carne y que produce un fruto precioso en cada ser humano.

Con el correr de los años que trabajamos sirviendo al Señor, hemos oído mucho y de todo en las consejerías, hemos visto pasar como aguas bajo un puente a todo tipo de personas, adolescentes, jóvenes, novios, matrimonios, lideres, pastores, etc.

Una de las cosas que oímos y que se puso “de moda”, en un tiempo, fue que cuando le hablábamos a la gente acerca del cuidado y la sobriedad de las palabras, de la maldición o bendición, que tenemos en la lengua y el poder que tiene, para crear o destruir y el de proferir groserías que ofenden al oyente, las personas entendían que todo este tema era lógicamente el dominio propio.

Y cada vez que nos veíamos, nos hablaban de cómo eran sus avances en el dominio propio y se alegraban de sus logros, aunque algunas veces sucumbían ante sus impulsos y lo llamaban el “demonio” propio.

Pro 15:18El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.

Nuestra alucinada “perfección”, nos hace vernos como admirables y al resto como defectuosos y no respetamos la forma de ser de los demás, engrandeciendo sus defectos y señalando con rudeza, violencia y crueldad sus errores.

Bien es sabido que la violencia engendra violencia y si queremos vivir en un mundo de paz y armonía debemos aprender a ser tolerantes y a vivir dominando nuestras pasiones.

No se puede cambiar a un mundo iracundo con violencia, pero si con cordura, con paz y amor, desterrando con principios y valores, todo signo de irracionalidad y falta de respeto y amor al prójimo.

Todos los seres humanos somos iguales delante de Dios, Él no hace acepción de personas; “grandes seres humanos” o “pequeños”, ante la grandeza de su soberanía y poder, nos constituimos en prácticamente “nada.”

Dios no tiene distinción de razas, tendencias ideológicas, raciales, pragmáticas, ni nada; Él, nos ama a todos por igual.

Su justicia, paciencia y amor van delante para perdón de cada uno de nosotros imperfectos pecadores. Debemos vivir en justicia, pero no para justificarnos que mucho mal nos hace y es una gran mentira de Satanás, sino para los demás, para que delante de nosotros vaya también justicia, paciencia y amor tal como recibimos de Dios.

Stg. 1:19-20Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Dios te bendiga y te guarde

Willy + Nella Colacci

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