La fortaleza de la mujer
La tecnología ha revolucionado la vida de los seres humanos en estos últimos años, y a criterio de muchos, uno de los mayores beneficios de esta tecnología es la comunicación. Hoy se puede ver en forma directa lo que sucede en cualquier parte del mundo a través de la televisión por satélite, y también podemos vernos y hablarnos en “vivo y en directo”, con personas que están a muchos kilómetros de distancia o en otros continentes.
La comunicación nos mantiene en contacto con todos, las distancias se han acortado gracias a estas nuevas tecnologías, que traen también mucha información y cultura en todas las ramas del saber humano y eso es lo mejor de todo.
Lo que llama poderosamente la atención es como se ha generalizado el uso de estos aparatos, cada vez más pequeños, prácticos y potentes; por ejemplo los teléfonos celulares o móviles como les llaman algunos. Todos tienen uno, niños y adultos, ricos y pobres, todos están hablando o enviándose mensajes, música videos o archivos de su tema de interés.
La mayoría está conectada a redes sociales, donde puedes volcar tus opiniones, deseos, iras, odios, insultos, frustraciones, punto de vista, estado de ánimo, tendencias etc. Donde se supone debe haber un moderador…no sé si realmente lo hay.
Estas redes sociales sirven además para “conocer” personas y entablar relaciones amicales, amorosas, comerciales y del tipo o gusto que desees. Donde el “open mind”, florece en la imaginación de cada participante. Los consejos, las “buenas vibras” y los ejemplos de la irrealidad de cosas jamás vividas, pero aconsejadas son como el pan de cada día y el café de cada momento.
Hay libros electrónicos, de todas las materias, cursos “online”, para todo tipo de necesidad, estudios universitarios y hasta maestrías y doctorados. La biblia está también en el internet en todas sus versiones; tienen también estudios bíblicos, prédicas, bosquejos y meditaciones.
Pero aun a pesar de la variada y abundante información y cultura, que recibimos a diario, en todas partes del mundo, mediante esta comunicación “online”, en algunos países todavía vivimos en el tiempo del descubrimiento del fuego en algunos conceptos, como el Machismo.
Aún se piensa que la mujer, es solo el juguete que nos satisface sexualmente, nos sirve en todo dentro y fuera del hogar y nos da hijos, ah, me olvidaba, y que es 100% descartable. Con el perdón de las mujeres por la fuerte descripción.
Todavía existe una sociedad machista, que expresa una actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres, abarcando actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a promover la negación de la mujer como persona social, libre e inteligente, indiferentemente de la cultura, tradición, folclore o contexto.
Hay algo que siempre repito y se ha hecho ya un dicho dentro de la iglesia y es “El hombre es la cabeza del hogar y la mujer es la fuerza del mismo”. Y es que son una sociedad, el hombre como cabeza y la mujer edificando el hogar, para la gloria de Dios y del hombre, el cual tiene como cabeza a Dios.
Proverbios 14:1 “La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba.”
En este versículo de la palabra de Dios se nos habla de una gran verdad, del poder de la mujer dentro del hogar. Ella tiene dos opciones a escoger, ser sabia o necia y ese poder usado bien o mal, determinara el resultado. Para edificar o destruir el hogar.
La mujer sabia es una mujer que cree y teme a Dios. No existe sabiduría sin creer y temer a Dios. Por eso para poder llenar los requisitos de ser “sabia” la mujer debe comenzar por tener una relación con Dios.
Pro 1:7 “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.”
Todo hombre, debería aprender a valorar la contribución de la mujer en “edificar” sus hogares. Esos hogares, donde los hijos son bien criados, formados y educados y de los cuales los hombres finalmente se enorgullecen.
El trabajo de la mujer es digno y abnegado y los hombres deben darles el honor y el lugar que se merecen como buenas esposas y buenas madres, ya que ellas trabajan y luchan arduamente para “edificar” sus casas.
La palabra de Dios dice que los hombres deben de convivir con ellas sabiamente, dándoles honor, por su trabajo, en ayudarnos en la edificación del hogar. Que no seamos ásperos con ellas, para que cuando nos presentemos delante de Él, nuestras oraciones sean oídas.
1Pe 3:7 “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”
Dios valora el trabajo de la mujer dentro del hogar y las exalta como coherederas, de la gracia de la vida, llamando la atención al hombre para vivir con ellas sabiamente.
Me encanto ..........muy lindo mensaje,leere mas seguido ,gracias Pastor por hacernos entender lo valiosas que somos,todo por la gracia de Dios.
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