BONITO Y POBRECITO
En el mundo marino hay diferentes especies alimenticias, entre ellas se encuentra el bonito, que es un pez muy estimado por su carne y por poseer un muy importante valor en Omega 3, que hace que disminuyan los niveles de colesterol malo, o sea los triglicéridos evitando la coagulación de la sangre. Este pez es muy popular en mi país y con él se hacen ricos platos entre ellos el cebiche.
Los jóvenes de esta generación gastan bastante tiempo en el cuidado de su apariencia personal, ropa, gimnasio etc. ellos tratan siempre que se les vea bellos, lindos, bonitos. Por eso es que muchos de ellos dicen “yo soy bonito”, refiriéndose a su belleza física o a su arreglo personal.
En los años que hemos trabajado en el ministerio de matrimonios, hemos visto pasar muchísimos casos, desde las más tontas y absurdas discusiones, hasta las más difíciles e incontrolables disputas, algunas irreconciliables, con separación temporal, abandono de hogar, y divorcio, muchas veces se ha llegado hasta el maltrato físico y psicológico, al cónyuge y a los hijos.
Durante el conflicto las dos parte creen tener la razón y se creen más inteligentes y buenas personas que el otro, sacando a relucir defectos inimaginables de la pareja y de toda su familia. Y nosotros nos preguntamos: ¿Estos, realmente se amaron alguna vez?, es que, en las discusiones, su intención primordial, es herir lo más profundamente al otro.
¿Qué es lo que pasa?, ¿porque se dan estos conflictos tan severos?
Una de las respuestas es que no escogen bien con quien se casan y después aparecen estos problemas. Muchas señoritas se equivocan al elegir su pareja para casarse y escogen a un chico “bonito“, o a un chico que les despierta el instinto maternal, es decir a un “pobrecito” que necesita ayuda en su vida y que si no es ella el “pobrecito”, se pierde y ella será la única responsable por la vida perdida del “pobrecito”. ¡Qué risa!
¡Así llegan al matrimonio!
“El Bonito”, no es más que un idolatra de él mismo, lo único que le interesa es verse cada vez mejor, aun a expensas de su hogar, gasta mucho dinero en él y busca que lo admiren por su apariencia y belleza, volviéndose un “Don Juan”, siendo infiel a su familia, para finalmente abandonar el hogar, para empezar una nueva vida con otra persona. Ese es el final de los “bonitos”
“El Pobrecito”, no es más que un gran y experto manipulador, con rasgos psicopáticos, celoso, impulsivo, agresivo y abusador, que siempre obtiene, lo que se propone, mediante su buena labia y poder de convencimiento, donde él, siempre finaliza, como la victima del universo entero, que lo privo de afecto y oportunidades.
Las niñas de hoy, nuestras pequeñas, las que representan nuestro esfuerzo diario y sacrificado, deberían ser muy bien enseñadas, en el temor del Señor, en escoger con sabiduría y en el futuro que tienen, como esposas madres y abuelas.
Si no es así, y no crecen, teniendo estos principios, de procrear, generaciones de bendición y no escogen bien, para el matrimonio, las veremos sufrir amargamente, con alguien que abusara de ella y de sus hijos, o de alguien, que en cualquier momento, las abandonará para irse con otra y se romperá, la bendición de Dios para su generación.
Deben escoger y decidir bien, y saber porque lo hacen, porque su futuro y el de su hogar, e hijos, dependerán de esta gran decisión. Las chicas, deben saber, que el “bonito”, es para comerlo en cebiche (plato típico de mi país) y el “pobrecito”, para la atención psiquiátrica y para que lo mantenga el estado. Nada más, en cuanto a esos adjetivos.
La belleza física del “bonito”, pronto se va, o te cansas, por el carácter narcisista, posesivo, egoísta, machista y egocéntrico del “bonito”.
El “pobrecito”, jamás dejará de serlo, y siempre será un manipulador, conformista, flojo y mediocre, porque ha estado acostumbrado, a vivir así toda su vida
Sé que parece duro, pero esa es la realidad.
Es mejor, que antes de enamorarte, averigües bien, quien es la otra persona, y no te encapriches en estar con él; eso es muy malo, porque representará, tu egoísmo de querer satisfacer tu lujuria del presente, o sea salir con tu gusto y no pensar en los hijos y la miseria en que van a vivir.
Tus hijos tendrán una vida sin paz, por las frustraciones que tendrán por la falta de dinero u oportunidades. Tú, como esposa, vivirás toda tu vida, esperando tontamente, que Dios te haga el milagro, que tu cónyuge cambie, para por fin ser felices; sin entender, que eso no solo es cuestión de Dios, sino de la decisión personal, de recibirlo, rendirse a Él, y andar bajo sus ordenanzas y preceptos y tomar la responsabilidad y compromiso de querer cambiar.
Pero estos “bonitos” y “pobrecitos”, no están dispuestos, a tomar esa decisión, porque les genera una responsabilidad, y un compromiso con otros, que jamás han tenido, o aceptado en su vida, y que no estas dispuestos a asumir, porque nunca, se han comprometido a nada, solo a ellos mismos, en su egoísmo.
El amor nace y crece donde lo siembres.
Con todo mi corazón te digo, que eso debemos enseñar a las niñas, a cuidarse mucho y mirar bien con quien se van, a meter para no sufrir en el futuro. El hombre de la vida de ellas, debe tener a Dios. Como centro de su vida y debe temerle y amarlo y debe estar asumiendo un compromiso y una íntima comunión con Él.
El hombre para tu vida, en matrimonio, debe ser así, porque si no es así, no te amará, ni tendrá temor de abandonarte, ni se preocupará, del futuro de tus hijos, no tendrá comunión con tu hogar y jamás le podrás exigir, tener un compromiso contigo y con tus hijos. Solo será, un ególatra de él mismo, y será mal marido, y mal padre.
Salmo 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.”
Toda nuestra vida, debe estar basada, en estos principios, si no es un hombre de Dios, no lo sigas, porque te traerá desdichas, tal como le paso, a Acab con Jezabel, a la cual escogió, por su hermosura, pero su corazón era malo, egoísta y perverso y no tenía temor a Dios y solo vivía para ella, como estos “bonitos” y “pobrecitos”.
Dios te bendiga y te guarde
Willy + Nella Colacci